Táctica y estrategia
Este post lo voy a dedicar al amor. Porque después de un cuento y una fotografía algo tristes, ya es hora de cambiar de registro.
Desde pequeños nos bombardean con historias de príncipes y princesas, edulcoradas con brujas gordas y malas y padres celosos y desconfíados. Las letras de las canciones están llenas de historias de amor recíproco, de pasiones desatadas y una estúpida felicidad, cuando no tienen contenidos machistas que todos se dedican a cantar tipo busca un hombre que te tenga llenita la nevera... Las películas acaban en su mayoría con beso final. Y van poniendo en nuestro inconsciente ese concepto de amor casi bobo, perfecto, de fidelidad toda la vida, hasta que la muerte nos separe y te querré toda la vida, y todos esos sinsentidos que van contra la naturaleza humana. Yo siempre he pensado que si nos hubieran librado de todo eso, podríamos ser más libres, querer cuando quisiéramos y a quiénes nos diera la gana, sin tener que guardar eternidad o fidelidad a alguien, cosa que me resulta cuanto menos una locura absoluta. Pero la realidad no es esa, la realidad es que ya tenemos en nosotros ese concepto americano y bobo del amor. La realidad es que no podemos amar libremente, porque en cuanto sintiésemos la tentación de la infidelidad la conciencia nos ahogaría. Y bueno, al final la gran mayoría, incluida yo misma, acabamos cayendo en esos amores de cuento de hadas. Alguien dijo una vez que los finales felices son propios de las películas sin final. Supongo que llevaba razón. ¿Qué sería de todas esas parejas de ficción que hubiesen continuado su historia después del beso final de la película? ¿Hubiesen seguido enamorados 10 años después? Lo pongo en duda...
El caso es que los humanos desarrollamos algo que se llama autopersuasión, nos convencemos de lo que queremos convencernos con pretextos y excusas baratas que nos damos a nosotros mismos. Y somos felices así, qué leche. O por lo menos lo intentamos.
Y yo creo que, lejos de todo eso antinatural que hay en el amor que ya he explicado, hay algo más. Una sensación de cosquilleo permanente, de alegría inmensa cuando te levantas por la mañana y ves que hay algo más que sábanas y almohadas en tu cama, una persona que te quiere. Tu novia, tu novio, tu amante esporádico, tu perro, tu sobrino... Y entonces respiras tranquila, alguien está ahí, te quiere, se acuerda de ti, confía en ti... y tú vuelves a creer en los cuentos de Benedetti y en las películas con final feliz, porque es mucho más agradable vivir con la certeza de que tenemos la capacidad de amar y de ser amados, y de que todo ese amor se convierta en ternura, en pasión, en momentos increíbles que querrías alargar para siempre. Y qué demonios, por qué va a venir alguien a robarnos esa ilusión, qué tiene de malo soñar, ilusionarse, si al final todo eso es vivir. Quién tiene derecho a robar lo único que nos queda cuando todo se derrumbe.
Así que desde aquí, con una canción de Luz y un poema de Benedetti, en mi registro más romántico, abogo por la autopersuasión, por creernos los cuentos de Walt Disney, por disfrutar mientras soñamos, porque la recompensa es enorme. Y porque como dice Ismael Serrano, el amor es eterno mientras dura. Y que dure lo que dure, un día, un año o una vida. Qué más da. Mejor vivir en la esperanza de que las sensaciones bonitas pueden llegar a ser permanentes en nosotros, de que hay personas que pueden complementarnos de la mejor forma, sin que lleguemos a necesitar nada más que dos palabras suyas para aliviar cualquier estado de ánimo que no sea la alegría de tener la certeza de que amamos, y de que somos amados.
TÁCTICA Y ESTRATEGIA
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos simulacros
para que entre los dos no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio más profunda
y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo
ni sé con qué pretexto
por fin me necesites.
(Mario Benedetti)
MI CONFIANZA
Si un día perdiera
mi calma y mi paz
Tú sabrías qué hacer y cómo ayudar.
Si perdiera la fe
tendría en ti algo en lo que creer.
Pongo mi confianza en ti,
tú no me dejarás,
nunca me traicionarás,
dos impulsos y un solo ser
haciéndome pensar que puedo mantenerme en pie.
Nunca perderé mi confianza en ti,
nunca perderé mi confianza en ti.
Tu aliento me llevó al abrigo del mal,
lejos de la traición,
de tanta falsedad.
El tiempo inútil y gris
no inyectará nunca su veneno mortal...
Pongo mi confianza en ti,
tú no me dejarás
y tienes tanto que decir,
dos impulsos y un solo ser
haciéndome creer que puedo mantenerme en pie.
(Luz Casal)

